Jeffrey Miron es director de estudios de pregrado en el departamento de economía de la Universidad de Harvard y académico titular del Cato Institute El experimento estadounidense con la prohibición de la marihuana está tan mal concebido como el experimento anterior con la prohibición del alcohol. Aprendimos la lección una vez; es tiempo de aprenderla de nuevo. En noviembre de 2010, los votantes de California decidirán en un referendo la suerte de una ley que legalizaría la marihuana en dicho estado. La propuesta incluye restricciones a la venta y el uso de la droga, tales como una edad mínima para comprar de 21 años. Aún así, esta ley le daría a la marihuana un estatus legal similar al del alcohol. Las primeras encuestas sugieren que la medida será aprobada, aunque aún no se ha dado un debate profundo sobre la misma. La legalización de la marihuana representa un paso mucho más significativo que la despenalización o el consumo permitido por motivos médicos, los cuales ya se han dado en California y en otros estados. La despenalización legaliza la posesión de pequeñas cantidades de marihuana, pero no elimina el mercado negro ni permite que se le pongan impuestos de manera sencilla. El consumo permitido por motivos médicos está más cerca de la legalización, pero todavía deja a los productores y consumidores en una zona gris legal y recolecta menos impuestos que la legalización.<br />
¿Debería California, o incluso Estados Unidos, legalizar la marihuana? Sí, por una variedad de razones. La legalización sacará del mercado negro a la industria de la marihuana, así como la derogación de la prohibición en los años treinta restauró la industria legal del alcohol. Puede que un pequeño componente del mercado de la marihuana permanezca ilícito, pero si la regulación y los impuestos son moderados, gran parte de los productores y consumidores elegirán el sector legal, como lo hicieron con el alcohol. La legalización, por lo tanto, eliminaría gran parte de la violencia y la corrupción que actualmente caracteriza a los mercados de marihuana. Estas se dan porque, en los mercados negros, los participantes no pueden resolver sus disputas mediante mecanismos no violentos tales como una demanda judicial, la publicidad, el cabildeo, o contribuciones a campañas políticas. Por el contrario, los productores y consumidores en estos mercados recurren a la violencia para zanjar sus diferencias, o al soborno para resolver sus problemas con las fuerzas del orden. Estas características de los mercados de los “vicios” desaparecen cuando el vicio es legal, así como lo demuestra una experiencia abundante con el alcohol, la prostitución y las apuestas. La legalización tendría otros beneficios. Los pacientes que consumen marihuana ya no sufrirían de un limbo legal o de un estigma social por utilizarla para lidiar con la náusea ocasionada por la quimioterapia, el glaucoma u otras condiciones. Las violaciones a las libertades civiles y el uso de estereotipos raciales disminuirían, ya que los crímenes sin víctimas causan tal comportamiento por parte de los policías. El control de calidad mejoraría ya que los vendedores podrían pautar publicidad y establecer reputaciones por tener un producto consistente, permitiéndole así a los consumidores elegir entre la marihuana de baja o alta potencia. La legalización también generaría ahorros presupuestarios para el estado y el gobierno federal, al eliminar gastos relacionados al cumplimiento de la ley y al permitir que se graven las ventas legalizadas. Recientemente estimé que el impacto neto sería una reducción en el déficit de alrededor de $20.000 millones al año, sumando el ahorro de cada nivel del gobierno. El único impacto de la legalización que podría ser indeseable es un aumento en el uso de la marihuana, pero es probable que este incremento sea modesto. La derogación de la prohibición del alcohol en EE.UU. produjo un aumento en el consumo de alrededor de un 20%, mientras que la legalización de facto de la marihuana en Portugal en 2001 no causó ningún incremento detectable en el consumo; de hecho, el consumo bajó. En varios países, la tasa de consumo de marihuana muestra poca relación con la severidad del régimen de prohibición. Por ejemplo, en los Países Bajos existe, virtualmente, una legalización, sin embargo la tasa de uso no difiere mucho de aquella en EE.UU. No obstante, un aumento en el uso de marihuana, no es necesariamente malo. Si el referéndum aprueba la ley, las personas a quienes les gustaría consumir marihuana pero se abstienen debido a la prohibición podrían hacerlo de manera responsable; la legalización les permitiría disfrutar de la marihuana sin miedo de ser arrestados o encarcelados y sin preocupaciones acerca de la calidad. Algunos consumidores nuevos podrían generar consecuencias adversas para ellos mismos o para otros, tales como manejar bajo la influencia, pero gran parte de los usuarios responsables están faltando el respeto a la ley y consumiendo hoy en día. Le legalización, por supuesto, no eliminará todos los impactos negativos del uso de la marihuana. Pero así como ocurrió con el alcohol, donde lo malo de su prohibición era peor que el alcohol en sí, los efectos adversos de la prohibición de la marihuana son peores que las consecuencias no previstas de su uso. Es por eso que la legalización es una mejor política pública. http://www.tiempo.hn/
¿Debería California, o incluso Estados Unidos, legalizar la marihuana? Sí, por una variedad de razones. La legalización sacará del mercado negro a la industria de la marihuana, así como la derogación de la prohibición en los años treinta restauró la industria legal del alcohol. Puede que un pequeño componente del mercado de la marihuana permanezca ilícito, pero si la regulación y los impuestos son moderados, gran parte de los productores y consumidores elegirán el sector legal, como lo hicieron con el alcohol. La legalización, por lo tanto, eliminaría gran parte de la violencia y la corrupción que actualmente caracteriza a los mercados de marihuana. Estas se dan porque, en los mercados negros, los participantes no pueden resolver sus disputas mediante mecanismos no violentos tales como una demanda judicial, la publicidad, el cabildeo, o contribuciones a campañas políticas. Por el contrario, los productores y consumidores en estos mercados recurren a la violencia para zanjar sus diferencias, o al soborno para resolver sus problemas con las fuerzas del orden. Estas características de los mercados de los “vicios” desaparecen cuando el vicio es legal, así como lo demuestra una experiencia abundante con el alcohol, la prostitución y las apuestas. La legalización tendría otros beneficios. Los pacientes que consumen marihuana ya no sufrirían de un limbo legal o de un estigma social por utilizarla para lidiar con la náusea ocasionada por la quimioterapia, el glaucoma u otras condiciones. Las violaciones a las libertades civiles y el uso de estereotipos raciales disminuirían, ya que los crímenes sin víctimas causan tal comportamiento por parte de los policías. El control de calidad mejoraría ya que los vendedores podrían pautar publicidad y establecer reputaciones por tener un producto consistente, permitiéndole así a los consumidores elegir entre la marihuana de baja o alta potencia. La legalización también generaría ahorros presupuestarios para el estado y el gobierno federal, al eliminar gastos relacionados al cumplimiento de la ley y al permitir que se graven las ventas legalizadas. Recientemente estimé que el impacto neto sería una reducción en el déficit de alrededor de $20.000 millones al año, sumando el ahorro de cada nivel del gobierno. El único impacto de la legalización que podría ser indeseable es un aumento en el uso de la marihuana, pero es probable que este incremento sea modesto. La derogación de la prohibición del alcohol en EE.UU. produjo un aumento en el consumo de alrededor de un 20%, mientras que la legalización de facto de la marihuana en Portugal en 2001 no causó ningún incremento detectable en el consumo; de hecho, el consumo bajó. En varios países, la tasa de consumo de marihuana muestra poca relación con la severidad del régimen de prohibición. Por ejemplo, en los Países Bajos existe, virtualmente, una legalización, sin embargo la tasa de uso no difiere mucho de aquella en EE.UU. No obstante, un aumento en el uso de marihuana, no es necesariamente malo. Si el referéndum aprueba la ley, las personas a quienes les gustaría consumir marihuana pero se abstienen debido a la prohibición podrían hacerlo de manera responsable; la legalización les permitiría disfrutar de la marihuana sin miedo de ser arrestados o encarcelados y sin preocupaciones acerca de la calidad. Algunos consumidores nuevos podrían generar consecuencias adversas para ellos mismos o para otros, tales como manejar bajo la influencia, pero gran parte de los usuarios responsables están faltando el respeto a la ley y consumiendo hoy en día. Le legalización, por supuesto, no eliminará todos los impactos negativos del uso de la marihuana. Pero así como ocurrió con el alcohol, donde lo malo de su prohibición era peor que el alcohol en sí, los efectos adversos de la prohibición de la marihuana son peores que las consecuencias no previstas de su uso. Es por eso que la legalización es una mejor política pública. http://www.tiempo.hn/
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